El último "blindaje" del Mencho.
Martes 03 de Marzo del 2026.- En México, la justicia es un privilegio que se mide en coronas de flores y blindaje oficial. La reciente sepultura de los presuntos restos de Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, en el cementerio Jardines Recinto de la Paz en Zapopan, no fue solo un funeral; fue la exhibición impúdica de un sistema que ha decidido de qué lado estar. Mientras el líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) era despedido con un ataúd dorado y música de banda, el perímetro exterior lucía un despliegue digno de una visita de Estado: tanquetas, helicópteros y cerca de 80 elementos de la Guardia Nacional y la Sedena custodiando el último adiós del criminal.
La indignación que hoy incendia las redes sociales no es gratuita. Es el grito de un país que observa, entre la rabia y el asombro, cómo las fuerzas federales blindan el luto de quienes han sembrado el terror con desapariciones, torturas y asesinatos. Resulta paradójico —y cruel— que mientras los asistentes encapuchados se paseaban con impunidad frente a los uniformados, las madres buscadoras sigan recorriendo el país con sus propias manos, sin más protección que una pala y su propia fe, enfrentando el abandono absoluto de un Estado que les da la espalda.
El evento estuvo marcado por el exceso: arreglos florales tan masivos que requirieron grúas para su traslado y una logística que operó bajo una "zona de inmunidad" garantizada por las propias instituciones. Incluso se reportó la agresión a un fotógrafo extranjero dentro del panteón, una muestra más de quién mandaba realmente en ese lugar. Sin embargo, más allá de la parafernalia, queda en el aire una duda que carcome la credibilidad institucional: ¿Fue realmente el cuerpo del capo? ¿O estamos ante un montaje coordinado para cerrar un expediente incómodo?
Sin una confirmación científica independiente, el mensaje que llega a la ciudadanía es devastador. No se trata solo de la muerte de un hombre, sino de la confirmación de una crisis de valores. Cuando un criminal de alto perfil recibe escolta militar en su entierro y un ciudadano común recibe olvido en su tragedia, la narrativa oficial de justicia se desmorona. En este México de contrastes violentos, parece que el "abrazo" del gobierno tiene un destinatario claro, y no son precisamente las víctimas.