Gobierno federal analizará regular la IA, las redes sociales y el uso de celulares en menores después del Mundial
Ciudad de México.– En la era de la hiperconectividad, regular el entorno digital se ha convertido en el caballo de Troya perfecto para los gobiernos que buscan meter mano en la conversación pública. El anuncio de la presidenta Claudia Sheinbaum sobre una futura legislación para limitar el uso de celulares en menores, así como fiscalizar las redes sociales y la Inteligencia Artificial (IA), abre una discusión necesaria, pero plagada de focos rojos sobre las verdaderas intenciones detrás del proyecto.
Con una curiosa calendarización que posterga el debate para "después del Mundial", la mandataria federal dejó en claro que su gobierno busca asumir un rol de árbitro en el consumo digital de los mexicanos. Si bien la restricción de pantallas en las aulas se alinea con una tendencia global y legítima de salud pública, el verdadero terreno pantanoso aparece cuando el Estado pretende dictar qué información debe o no estar disponible bajo el ambiguo concepto de "derecho a la información".
¿El control de la narrativa?
Durante su conferencia matutina, Sheinbaum soltó una pregunta: “¿Quiénes controlan todo eso? Hay que regularla, ver quiénes tienen el control ahora y regularlo”. Aunque la crítica hacia el poder desmedido de los gigantes tecnológicos (como Meta o Google) es válida, la alternativa que propone implícitamente el gobierno resulta igual de preocupante: trasladar ese control de los algoritmos a los escritorios de la buroquia federal.
El riesgo de centralizar la fiscalización de los contenidos digitales es que la línea entre "proteger la salud" y "monitorear la disidencia" suele ser peligrosamente delgada. ¿Será que el gobierno federal busca ese control para limitar la exposición a las narrativas que le incomodan?
Mientras que para algunos sectores es urgente fiscalizar los algoritmos y la difusión de datos masivos para evitar la desinformación, para diversos analistas y defensores de los derechos digitales, cualquier intento de normar las plataformas de comunicación masiva enciende alarmas sobre posibles riesgos de censura o de una centralización de la información por parte de las autoridades federales.
Garantizar entornos seguros para la infancia es una demanda urgente de la sociedad civil y los padres de familia. Sin embargo, condicionar el acceso a tecnologías de punta como la Inteligencia Artificial o intervenir en las dinámicas de las redes sociales requiere un ecosistema de expertos independientes y contrapesos reales, no una regulación vertical diseñada desde el poder. El debate comenzará tras el silbatazo final de la Copa del Mundo; la ciudadanía tendrá que estar muy atenta para asegurarse de que lo que se termine regulando sean las pantallas de los niños, y no la libertad de expresión de todo un país.