ES INFORMATIVO

Ecocidio y destrucción arqueológica: el legado irreversible del Tren Maya en la Península de Yucatán

Ciudad de México / Península de Yucatán, 19 de marzo de 2026.— El Tren Maya, megaproyecto ferroviario inaugurado en diciembre de 2024 y que recorre más de 1,500 kilómetros a través de Chiapas, Tabasco, Campeche, Yucatán y Quintana Roo, enfrenta crecientes acusaciones de ecocidio y destrucción sistemática del patrimonio arqueológico maya, según informes independientes, organizaciones ambientales y hasta denuncias internas del propio Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

En el ámbito ambiental, el impacto ha sido calificado como catastrófico por múltiples fuentes. La construcción, especialmente en el Tramo 5 (Cancún-Tulum), implicó la instalación de más de 15,000 pilotes de acero y concreto que perforaron el frágil suelo kárstico, afectando directamente al menos 125 cuevas y cenotes —incluyendo partes del sistema Ox Bel Ha, la segunda cueva subacuática más larga del mundo—. Reportajes de National Geographic (2025-2026) y El País documentan cómo estos pilotes introdujeron luz, materia orgánica, contaminantes y derrames de concreto en ecosistemas adaptados a la oscuridad total, provocando la muerte de especies endémicas y alterando irreversiblemente la calidad del agua en el principal acuífero de la región, fuente de agua dulce para millones de habitantes.

La deforestación ha sido masiva: se talaron más de siete millones de árboles (equivalente a miles de hectáreas de selva), fragmentando hábitats, desplazando fauna en peligro como el jaguar y modificando flujos hidrológicos. Organizaciones como Greenpeace, Sélvame del Tren, Cenotes Urbanos y el Tribunal Internacional por los Derechos de la Naturaleza (que en 2025 declaró el proyecto como ecocidio y etnocidio) destacan daños irreversibles: contaminación por óxido de pilotes en disolución (documentado en inmersiones de 2026), riesgo de colapso estructural por corrosión acelerada en ambientes salinos-ácidos, y modificación permanente de ecosistemas subterráneos. La Semarnat reconoció daños en al menos ocho cavernas y un cenote, comprometiéndose a planes de mitigación, pero críticos insisten en que los efectos son irreparables.

En el plano arqueológico, el panorama es igualmente alarmante. Aunque el INAH reporta oficialmente que más de 6,000 monumentos se conservaron in situ, se desviaron tramos en 25 ocasiones y se trasladaron 56 edificios mayas a “Parques de la Memoria” (como Báalam Tun en Chetumal y K’awil en Xpujil), especialistas internos y excolaboradores denuncian en marzo de 2026 destrucción, mutilación y “despojo” de vestigios. Arqueólogos del INAH preparan denuncias legales contra exfuncionarios —incluido el exdirector Diego Prieto— por autorizar prácticas que califican como “crímenes de lesa arqueología”: alteración del contexto original, reubicaciones forzadas sin rigor científico y destrucción de decenas de estructuras prehispánicas bajo el argumento de “salvamento”. Reportes indican que más de 25,000 piezas arqueológicas pudieron perderse o dañarse para acelerar la obra.

El Tribunal Internacional por los Derechos de la Naturaleza y misiones civiles de observación (2025) confirman violaciones a derechos bioculturales del pueblo maya, militarización del territorio, especulación inmobiliaria y un esquema de impunidad que evitó fiscalizaciones ambientales efectivas. A pesar de promesas oficiales de desarrollo sustentable, el proyecto —que transporta pasajeros y carga, incluyendo hidrocarburos— genera divisiones: defensores lo ven como motor económico; opositores, como un ecocidio histórico que compromete el patrimonio natural y cultural único de la Península.

En 2026, con evidencias de corrosión continua y degradación subterránea, colectivos exigen auditorías independientes, restauración integral con participación indígena y mayor protección al sistema de cenotes como reserva biocultural. Mientras el tren avanza, la herida en la selva, los cenotes y la memoria maya se profundiza, cuestionando si el “progreso” justifica un daño que podría durar siglos.


Te puede interesar