Marina del Pilar se dice "víctima de una trampa" tras pactar en lo oscurito con Jaime Bonilla para resolver con EE.UU. el estado de su visa
El control de daños en el Gobierno de Baja California ha tomado un rumbo sumamente cuestionable. Tras días de silencio sepulcral tras la bomba periodística revelada por el periodista Héctor de Mauleón, la gobernadora Marina del Pilar Ávila Olmeda finalmente dio la cara en conferencia de prensa. Sin embargo, su estrategia de defensa consistió en declararse víctima de una "trampa" orquestada por su antecesor y rival político, Jaime Bonilla Valdez, una explicación que, lejos de apagar el fuego, aviva las sospechas de una grave crisis de seguridad nacional.
Con una narrativa que raya en la ingenuidad política, la morenista justificó sus comprometedoras grabaciones asegurando que actuó "de buena fe" al confiar en Bonilla para solucionar el estatus de su visa estadounidense (la cual le fue revocada).
La coartada de la "buena fe": ¿Ingenuidad o negligencia gubernamental?
Según la versión de la gobernadora, hace un año decidió dejar de lado las diferencias con Jaime Bonilla, quien le ofreció contactarla con supuestos intermediarios para resolver su situación migratoria.
"Confié, de buena fe, en mi antecesor y tuve esa reunión de la cual se han difundido ciertos fragmentos. Hoy queda claro para todos que fue una trampa", declaró Ávila Olmeda el miércoles.
La primera gran interrogante que salta a la vista para analistas y ciudadanos es: ¿Cómo es posible que la gobernadora de un estado fronterizo clave sostenga reuniones de carácter privado con supuestos agentes extranjeros sin verificar antes sus identidades ni contar con protocolos oficiales de la Cancillería?
La mandataria alegó que estas personas le plantearon graves escenarios judiciales y de extradición en su contra en Estados Unidos, lo cual la tomó "por sorpresa". Sin embargo, acusó que estos sujetos jamás contactaron a su abogado en la unión americana ni presentaron documentos reales: "Solo quisieron grabar una conversación privada para después difundirla con el único interés de afectarme políticamente".
Las contradicciones del audio que la gobernadora ya admitió como real
Aunque el discurso oficial de Marina del Pilar apunta a que fue víctima de un montaje y de grabaciones "aisladas", el contenido del audio —cuya autenticidad ya fue confirmada por su propio gobierno— cuenta una historia radicalmente distinta y sumamente comprometedora:
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No se escucha a una víctima de engaño: En la grabación no se percibe a una gobernadora confundida por falsos gestores; se escucha a la propia mandataria detallar con precisión reuniones previas que sostuvo con el FBI y con el Departamento de Justicia de EE. UU., además de mencionar que cuenta con un abogado en Miami para manejar su caso.
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Información clasificada como moneda de cambio: El punto más crítico del audio revela que, ante la sola mención de escenarios de extradición, la gobernadora presuntamente ofrece cooperar entregando información reservada de las mismísimas Mesas de Seguridad del estado.
Este último punto coloca a la gobernadora en una posición insostenible. Si los interlocutores eran "farsantes sin acreditación" como ahora argumenta para defenderse, ¿por qué estuvo dispuesta a revelarles información de seguridad del Estado? Y si por el contrario, sabía perfectamente quiénes eran, la oferta de cooperar con agencias extranjeras a espaldas del gobierno federal podría interpretarse en los círculos políticos más severos como una abierta traición.
Tensión en Morena y un "sálvese quien pueda"
La confirmación de que la voz de los audios sí pertenece a Marina del Pilar ha desatado un auténtico terremoto político al interior de Morena. Fuentes cercanas al partido sugieren que la instrucción desde el centro del país ha comenzado a ser el clásico "sálvese quien pueda", buscando deslindar el proyecto de la Cuarta Transformación de las cuestionables negociaciones de la gobernadora con supuestos operadores de Washington.
Aunque Marina del Pilar insiste públicamente en que se encuentra "tranquila", la realidad es que su explicación de la "trampa de Bonilla" resulta sumamente frágil. En su intento por salvar el pellejo político, la gobernadora ha expuesto una alarmante vulnerabilidad en su círculo de confianza, dejando en el aire la duda de qué tanta información de seguridad pública del estado estuvo dispuesta a entregar con tal de recuperar su visa.