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59 millones, cero presos: el decomiso que se desarmó solo

Por Xavier Domínguez 

San José Iturbide, Guanajuato | 21 de septiembre de 2026

El 17 de septiembre federales y el gobierno de Guanajuato sacaron el número más grande del año: 59 millones de litros de Magna, Premium y diésel en La Fragua, San José Iturbide. Lo vendieron como el golpe al huachicol. Equivalía, dijeron, a casi dos mil pipas. Cuatro días después no hay un detenido en ese predio, la terminal volvió a despachar y la FGR todavía no acredita de dónde salió el combustible. El volumen existe. El delito no está sentenciado.

La pesquisa empezó el 3 de julio, con un chofer que descargaba 33 mil litros de diésel en San Luis de la Paz y no pudo probar trazabilidad. De ahí fueron a una gasolinera, a un despacho de Gas LP en Dolores Hidalgo y al complejo de La Fragua: diez tanques, pipas, contenedores y una caja de facturas. Omar García Harfuch lo resumió en Irapuato: en ese predio, “en ese momento no había nadie”. Prometió detenidos después. El número era demasiado grande para no usarlo. Un volumen no prueba un delito.

La terminal la opera Gas Natural del Noroeste, de Grupo SIMSA. Tiene permiso federal desde 2016, aval de ASEA y espuela de tren. Pemex la usó en 2017. SIMSA dice que solo guarda producto de terceros y que entregó papeles. Consultores del sector lo dijeron al día siguiente: no es un patio clandestino; es infraestructura formal del Bajío. Los 59 millones caben como inventario. Llamarla mini Pemex fue un salto de lenguaje. La FGR recorrió entonces la línea hacia el huachicol fiscal y la FEMDO atrajo el caso. Eso es una investigación. No es el trofeo del jueves.

Por eso se cayó el anuncio. Nadie cayó en el sitio grande. La planta no quedó sellada a la vista: pipas entrando y saliendo, personal adentro. Se tituló huachicol antes de acreditar ilicitud. Y el huachicol que sí sangra a Guanajuato —tomas, Pénjamo, miles de millones a Pemex— no estaba en esos tanques. Los vecinos de La Fragua bloquearon la 57 para pedir que saquen la planta, no para celebrar.

El expediente no es basura. Si hay papeles flojos o destino opaco, hay que auditarlos. Un decomiso, sin embargo, se mide por volumen, prueba y responsables. Aquí hay volumen. La prueba sigue en trámite. Los responsables no han aparecido. El discurso ya bajó de “golpe histórico” a “origen no acreditado”. El alarde que no se sostiene se desarma solo.


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