Mientras México enfrenta crisis, Sheinbaum va a cumbre de izquierda en Barcelona
Ciudad de México, 17 de abril de 2026 – En medio de crecientes cuestionamientos por la persistencia de desapariciones forzadas, una serie de incendios y derrames en instalaciones de Pemex —incluida la emblemática refinería Olmeca de Dos Bocas— y presiones por alzas en los precios de combustibles y productos básicos, la presidenta Claudia Sheinbaum partió este viernes hacia Barcelona, España, para participar en la Global Progressive Mobilisation (GPM), una cumbre internacional de fuerzas progresistas.
El viaje, el primero oficial de Sheinbaum a Europa desde que asumió la Presidencia, ocurre en un momento de alta sensibilidad interna. Organizaciones de derechos humanos y organismos internacionales han reiterado su preocupación por la crisis de desapariciones, mientras la oposición y analistas critican la opacidad en las investigaciones. Paralelamente, Pemex acumula incidentes en 2026: incendios en Dos Bocas (uno en marzo con cinco fallecidos y otro en abril), derrames en el Golfo de México y versiones oficiales que han generado acusaciones de falta de transparencia y “mentiras” sobre las causas. A esto se suman quejas ciudadanas por incrementos en el costo de la gasolina, el diésel y la canasta básica, pese a los esfuerzos del gobierno por contenerlos mediante subsidios y acuerdos con gasolineros.
La cumbre progresista en Barcelona
La mandataria se reunirá este sábado 18 de abril con líderes como el presidente del gobierno español Pedro Sánchez, los presidentes de Brasil Luiz Inácio Lula da Silva, Colombia Gustavo Petro, Uruguay Yamandú Orsi y otros representantes de más de 40 países. El evento, impulsado por el PSOE, la Internacional Socialista y la Alianza Progresista, reúne a más de 3,000 participantes y busca articular una respuesta coordinada del progresismo global frente al avance de la ultraderecha, la defensa de la democracia, el multilateralismo y desafíos como la desigualdad y la desinformación.
Sheinbaum ha insistido en que no se trata de un encuentro “anti-Trump”, sino de una plataforma para promover la paz y la cooperación. Sin embargo, el contexto internacional —con Donald Trump en la Casa Blanca— y las tensiones energéticas globales (como el impacto del conflicto en Oriente Medio en los precios del petróleo) dan un trasfondo geopolítico al foro.
La presidenta ha programado un viaje exprés —un día de estancia— y mantendrá reuniones bilaterales con Sánchez, Lula, Petro y Orsi. Esta visita también marca un primer acercamiento significativo con España tras las fricciones diplomáticas del sexenio anterior.
Críticas por prioridades
El timing del viaje ha generado cuestionamientos inmediatos. Voces de la oposición y sectores analíticos señalan que, ante una agenda doméstica cargada de emergencias —seguridad, energía y economía familiar—, priorizar una cumbre ideológica de izquierda envía un mensaje equivocado. “Mientras en México hay familias buscando a sus desaparecidos y Pemex sigue en llamas, la presidenta se va a debatir con sus aliados ideológicos en Barcelona”, resumió un legislador opositor.
Desde el gobierno se defiende que la participación fortalece la posición internacional de México y abre canales de cooperación en temas clave. No obstante, hasta el momento no se han detallado beneficios concretos o acuerdos bilaterales de alto impacto para el país derivados de este foro.
La Global Progressive Mobilisation culminará el sábado con una sesión plenaria que será seguida de cerca, tanto por su simbolismo como por el posible posicionamiento de Sheinbaum en el tablero global. El contraste entre las urgencias nacionales y la proyección internacional de la presidenta promete alimentar el debate político en las próximas semanas.