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El fin de los “abrazos, no balazos”: abatimiento de ‘El Mencho’ marca el giro hacia una estrategia frontal contra el narco

La muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), en un operativo militar el domingo 22 de febrero en la sierra de Tapalpa, Jalisco, representa un punto de inflexión en la política de seguridad mexicana. Analistas y expertos coinciden en que este golpe contundente pone fin práctico a la estrategia de “abrazos, no balazos” del sexenio anterior, dando paso a una confrontación directa contra los liderazgos criminales, impulsada por la presión bilateral con Estados Unidos y una cooperación en inteligencia más activa.

La Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) confirmó que fuerzas especiales del Ejército Mexicano, con apoyo de aeronaves de la Fuerza Aérea y la Fuerza Especial de Reacción Inmediata de la Guardia Nacional, ejecutaron el operativo basado en inteligencia militar, del Centro Nacional de Inteligencia y de la Fiscalía General de la República. “El Mencho” resultó gravemente herido durante el enfrentamiento y falleció en traslado aéreo a la Ciudad de México. Al menos cuatro integrantes del CJNG murieron en el lugar, sumando un total de siete u ocho presuntos delincuentes abatidos, según diversas fuentes oficiales y periodísticas.

Estados Unidos jugó un rol clave: la Casa Blanca confirmó públicamente que aportó inteligencia complementaria para ubicar al capo, considerado uno de los mayores traficantes de fentanilo hacia territorio estadounidense. Fuentes del Departamento de Defensa y reportes de agencias como BBC, Infobae y El País destacan que esta colaboración bilateral —reforzada en los últimos meses— fue decisiva. Washington ofrecía una recompensa de hasta 15 millones de dólares por información que llevara a su captura, y lo señalaba como objetivo prioritario por su impacto en la crisis de opioides.

El abatimiento desató una ola retaliatoria inmediata del CJNG: narcobloqueos, quema de vehículos, ataques armados y suspensiones de actividades en Jalisco, Michoacán, Guanajuato, Nayarit, Tamaulipas y otros estados. Reportes preliminares indican decenas de incidentes, con al menos 14-26 muertos (incluyendo civiles, como una mujer embarazada en un enfrentamiento en Zapopan, y elementos de seguridad), múltiples heridos y más de 25 detenidos. Autoridades mantienen operativos de alto impacto en varios puntos del país.

Este desarrollo se interpreta como el cierre definitivo a la doctrina de no confrontación directa con los cárteles, promovida en administraciones previas bajo el lema “abrazos, no balazos”. Expertos señalan que el gobierno actual, con un enfoque más agresivo en descabezar estructuras criminales —evidenciado en operativos recientes—, responde a presiones internas por inseguridad y externas por el flujo de fentanilo. “Ya no hay abrazos, pero sí balazos”, resumió un analista en El País, destacando el espaldarazo a la nueva estrategia de seguridad.

La cooperación México-Estados Unidos se fortalece en este contexto: mientras México ejecutó la operación con soberanía (sin presencia de personal estadounidense en el terreno), la inteligencia compartida marca un cambio hacia alianzas más efectivas contra el crimen transnacional.

El abatimiento de “El Mencho” —quien evadió la justicia por más de una década— es comparable al de Joaquín “El Chapo” Guzmán en 2016. Sin embargo, especialistas advierten que el descabezamiento de líderes no garantiza el fin de la violencia: los cárteles se fragmentan y surgen nuevas disputas internas. La pregunta ahora es si este golpe contundente inicia una era de mayor control territorial o desata mayor caos en los bastiones del CJNG.

La estrategia es clara: al narco se le enfrenta de frente, con inteligencia, fuerza y cooperación internacional. El mensaje desde ambos lados de la frontera: los buenos son más fuertes que los malos.


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