“El Mencho” financió a una facción de “Los Chapitos”: Revelación de García Harfuch expone alianzas inéditas en el narco mexicano
Ciudad de México, 17 de junio de 2026. – En una de las confesiones más impactantes de los últimos meses, el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, reveló que Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), financió y proporcionó sicarios a una facción de “Los Chapitos” (hijos de Joaquín “El Chapo” Guzmán) antes de su muerte en un operativo del Ejército el 22 de febrero de 2026.
Según Harfuch, durante la conferencia matutina de este martes en Palacio Nacional, “El Mencho” fungía como el principal enlace entre el CJNG y esta facción del Cártel de Sinaloa. El apoyo consistía en recursos financieros y refuerzos de personal táctico, especialmente en el sur de Sinaloa, para fortalecer su posición en la guerra interna contra la facción de “Los Mayos” (Ismael “El Mayo” Zambada).
Lo que parecía impensable —una alianza entre dos de los cárteles más poderosos y rivales históricos de México— se materializó bajo la coordinación directa de “El Mencho”. El funcionario federal aclaró que no hay indicios de que esta relación continúe tras la muerte del capo jalisco. “La alianza se diluyó con su fallecimiento”, enfatizó.
Contexto de una “narcosoberanía” que persiste
Esta revelación llega en un momento en que el gobierno de Claudia Sheinbaum presume avances en materia de seguridad, pero expone la fragilidad y las mutaciones constantes del crimen organizado. Históricamente enemigos —el CJNG y el Cártel de Sinaloa se han disputado rutas de fentanilo, metanfetaminas y plazas clave—, los grupos encontraron un interés común en la fragmentación sinaloense.
“El Mencho” se convirtió, según las investigaciones federales, en una especie de “padrino” financiero y operativo para los Chapitos en su pugna interna. Este tipo de pactos pragmáticos no son nuevos en el mundo del narco, pero su confirmación oficial desde la mañanera pone en evidencia la profundidad de la infiltración criminal en regiones estratégicas y la dificultad para desmantelar estructuras que se reconfiguran con rapidez.
Preguntas incómodas para el gobierno federal
¿Cómo es posible que una alianza de esta magnitud haya operado durante meses sin que las autoridades la desarticularan antes? ¿Hasta dónde llega la “narcosoberanía” que críticos de la 4T y la actual administración denuncian en estados como Sinaloa, Jalisco, Michoacán y Guanajuato?
Mientras el gobierno celebra la neutralización de “El Mencho” y otros objetivos prioritarios, la reconfiguración del poder criminal —con financiamientos cruzados y alianzas oportunistas— sugiere que la estrategia de “abrazos, no balazos” y sus continuidades no han cortado de raíz el problema estructural.
Las madres buscadoras, las familias de desaparecidos y los ciudadanos de regiones azotadas por la violencia siguen esperando resultados tangibles más allá de conferencias y revelaciones a posteriori.
El Mencho, incluso desde la tumba, deja claro que en el submundo del narco las lealtades son líquidas y los pactos, tan volátiles como el poder que representan. México merece una verdadera política de seguridad que no solo anuncie capturas, sino que desmantelé redes financieras, políticas y de protección que permiten estas aberraciones.