La soberbia de Jorge Romero rompe la unidad en Coahuila: da la espalda a la ciudadanía y deja al PAN al borde del abismo
La decisión de no construir una alianza electoral en Coahuila tiene nombre y apellido: Jorge Romero. Lejos de una evaluación estratégica o de una lectura seria del escenario político local, la dirigencia nacional del PAN optó por imponer una visión personalista, marcada por la soberbia y por la obsesión de forzar un supuesto “relanzamiento” del partido que, en los hechos, luce improvisado, sin visión y sin estrategia.
Coahuila no es un laboratorio para experimentos políticos ni un espacio para ajustes de cuentas internas. Es un estado donde amplios sectores de la ciudadanía han expresado con claridad su rechazo a Morena y su exigencia de no permitir su avance. A pesar de ello, Romero no solo le dio la espalda a su partido, sino también a la ciudadanía coahuilense que demanda unidad, inteligencia política y responsabilidad.
Al cerrar la puerta a una alianza, la dirigencia panista ignora una realidad electoral evidente: el voto útil será determinante. Miles de ciudadanos que buscan frenar a Morena difícilmente apostarán por una opción debilitada y aislada. Esa decisión empuja al electorado opositor a buscar alternativas viables, dejando al PAN desfondado, sin capacidad real de competencia y con el riesgo latente de una debacle electoral de proporciones históricas.
Diversas voces dentro del propio PAN advierten que esta estrategia no solo beneficia de manera indirecta a Morena, sino que podría llevar al albiazul a una crisis profunda en la entidad, incluso poniendo en riesgo su permanencia como fuerza política relevante. El llamado “relanzamiento” termina siendo un repliegue irresponsable que sacrifica estructuras, militancia y confianza ciudadana.
La falta de diálogo, el desprecio por el contexto local y la imposición desde el centro revelan a una dirigencia desconectada de la realidad política de Coahuila. Para muchos panistas, Jorge Romero ha confundido liderazgo con cerrazón y estrategia con capricho, anteponiendo su proyecto personal al futuro del partido.
Hoy el escenario es claro: Morena avanza sin necesidad de confrontar, mientras el PAN se debilita por decisiones tomadas desde la soberbia. La pregunta ya no es si esta apuesta fue un error, sino si el PAN en Coahuila podrá sobrevivir al costo político de haberle dado la espalda a su militancia y a la ciudadanía que pedía unidad para defender al estado.