Miles de sinaloenses marchan por la paz en Culiacán: “Sinaloa, ponte de pie”
Culiacán, Sinaloa.— Vestidos de blanco, con globos, banderas y pancartas, miles de sinaloenses tomaron este domingo las calles de la capital para exigir el fin de la violencia que lleva dos años desangrando al estado. La marcha “Sinaloa, ponte de pie” recorrió la avenida Álvaro Obregón desde La Lomita hasta la Catedral Basílica de Nuestra Señora del Rosario.
Los organizadores hablaron de alrededor de 50 mil participantes; otros reportes sitúan la cifra entre 10 mil y 30 mil. No hubo cifra oficial. Familias, colectivos de búsqueda, empresarios, agricultores y ciudadanos de varios municipios coincidieron en un mismo reclamo: poder vivir sin miedo.
Antes de arrancar se celebró una misa presidida por el obispo de Culiacán, monseñor Jesús José Herrera Quiñonez, quien llamó a pasar de la venganza al perdón, “sin que ello signifique olvido o renuncia a la justicia”. “Ningún territorio y ninguna ambición vale más que una vida humana”, dijo. Al inicio de la movilización se soltaron cientos de globos blancos.
Las consignas fueron claras: “Queremos vivir en paz”, “Somos más los que queremos paz”, “Nos prometieron paz, nos entregaron miedo” y “Ya estamos hartos del miedo”. Algunos quemaron efigies de cartón de la presidenta Claudia Sheinbaum y del exgobernador Rubén Rocha Moya.
La marcha se realizó al cumplirse dos años del inicio de la guerra entre las facciones de Los Chapitos y La Mayiza del Cártel de Sinaloa, desatada tras la detención en Estados Unidos de Ismael “El Mayo” Zambada y Joaquín Guzmán López en septiembre de 2024. Desde entonces, fuentes de seguridad hablan de entre 3 mil 181 y 3 mil 800 homicidios, más de 4 mil 400 desaparecidos, casi 4 mil detenidos y más de 12 mil vehículos robados. El sábado previo se reportaron al menos siete asesinatos en el estado.
El impacto económico también se siente: al cierre de agosto, Sinaloa perdió 26 mil 85 empleos formales, según el IMSS. Negocios cerrados, clases suspendidas en varios momentos y una vida cotidiana marcada por balaceras y bloqueos.
“No queremos más muertes así”, dijo entre lágrimas Maricela Pérez, de 62 años, que llevó el retrato de su hijo Miguel, asesinado en mayo. La familia del bebé Juan Alejandro, de un año y cuatro meses, asesinado días antes, también estuvo presente.
La movilización, convocada por la Iglesia, Coparmex, colectivos de víctimas y más de 30 organizaciones civiles, no se dirigió contra un partido en particular, según los organizadores, sino a favor de la vida y la recuperación de la tranquilidad. El gobierno federal ha desplegado miles de elementos en Sinaloa, pero la violencia no ha cesado.