Violencia narco sin freno: tres adolescentes inocentes caen en menos de 10 días por ataques del crimen organizado en México
Ciudad de México, 20 de febrero de 2026 — En un lapso de apenas ocho días, del 11 al 19 de febrero, el crimen organizado ha segado la vida de al menos tres adolescentes sin vínculos delictivos en México: dos en Sinaloa —epicentro de la guerra interna del Cártel de Sinaloa— y uno como víctima colateral en Guerrero. Estos casos destacan cómo la extorsión, los ajustes de cuentas y las balaceras cotidianas afectan a jóvenes que solo realizaban actividades normales, como trabajar, estudiar o hacer compras.
El patrón es claro: repartidores, estudiantes y transeúntes terminan en la línea de fuego de sicarios que operan con impunidad en calles urbanas. La Fiscalía de Sinaloa reporta al menos siete menores asesinados en lo que va del año, con febrero como el mes más letal; la Red por los Derechos de la Infancia eleva la cifra nacional de menores homicidas a 14 en 2026. Críticos señalan que la estrategia de “abrazos, no balazos” ha permitido el avance del narco sin confrontación directa, dejando a la juventud como carne de cañón.
1. Ricardo Mizael López Cebreros (15-16 años) – Culiacán, 11 de febrero
Estudiante de la Preparatoria Emiliano Zapata de la UAS y aspirante a veterinario, salió de su casa en la colonia Los Ángeles para comprar leche y un biberón en una farmacia cercana —un gesto para alimentar gatitos rescatados. En el Boulevard California o carretera a Imala, sicarios lo interceptaron y lo ejecutaron a balazos en plena mañana. Familiares desmienten cualquier conexión con el crimen; la Fiscalía identificó a un presunto responsable el 17 de febrero, pero sin detenciones. Su madre, Berenice López, exige justicia: “No era un número, era mi hijo”. Una marcha “Con los Niños No” está convocada para el 22 de febrero.
2. Axel Eduardo (16 años) – Culiacán, 15 de febrero
Repartidor de comida en motocicleta para una plataforma digital (tipo Uber Eats), fue atacado a balazos en el fraccionamiento Las Cerezas, al norte de la ciudad, mientras trabajaba. Murió en el lugar. Medios como Noroeste y Proceso lo vinculan a la ola narco: probablemente “derecho de piso” o confusión en zona controlada por facciones rivales. Era estudiante de preparatoria y no tenía antecedentes; familiares lo describen como un joven trabajador. Con este caso, Sinaloa suma cinco o seis menores muertos en 2026, muchos por sicarios en moto.
3. Melany Gissel Bravo Leyva (16 años) – Acapulco, Guerrero, 19 de febrero
Alumna de cuarto semestre del Colegio de Bachilleres Plantel 2, viajaba en una camioneta de ruta alimentadora rumbo a clases en la colonia Chinameca. Hombres armados en moto persiguieron al chofer por extorsión (“derecho de piso”) y dispararon: el conductor murió, Melany recibió un impacto en el abdomen y falleció en el Hospital Farallón. Otra estudiante resultó herida pero estable. El gobierno estatal insiste en que no iba contra alumnos, pero el transporte público es blanco recurrente del narco en Guerrero. Clases suspendidas por pánico.
Estos tres casos —todos con balas de sicarios en contextos de extorsión o ajustes— suman a la alarma nacional. En Sinaloa, la pugna entre facciones del Cártel genera ejecuciones diarias; en Guerrero, el “cobro” a transportistas deja víctimas colaterales. Autoridades no reportan detenciones inmediatas, y familias claman protección real.
La violencia no discrimina: un repartidor, un estudiante, una niña en camino a clases. ¿Cuántos más antes de un cambio estructural?