ES INFORMATIVO

Una vez más fracasa el socialismo: Cuba se abre al capitalismo

En un giro pragmático ante la peor crisis económica y energética de las últimas décadas, el gobierno cubano ha anunciado una serie de reformas que marcan una apertura inédita al capital privado y extranjero, incluyendo inversiones de cubanos en el exterior y empresas estadounidenses. Estas medidas, presentadas como necesarias para “dinamizar” la economía, representan un reconocimiento implícito del agotamiento del modelo socialista centralizado que ha dominado la isla por más de seis décadas.

El viceprimer ministro y ministro de Comercio Exterior e Inversión Extranjera, Oscar Pérez-Oliva Fraga —sobrino nieto de Fidel y Raúl Castro—, confirmó en una entrevista con NBC que Cuba permitirá por primera vez que ciudadanos cubanos residentes en el extranjero inviertan y sean propietarios de negocios privados en sectores clave como turismo, minería y energía. La medida busca captar capital para modernizar infraestructuras y aliviar la presión de una crisis que incluye apagones masivos, escasez extrema y colapso energético tras la interrupción del suministro petrolero venezolano y la intensificación del bloqueo estadounidense bajo la administración Trump.

En marzo de 2026, la Gaceta Oficial publicó el Decreto-Ley 114/2025, que autoriza por primera vez la creación de sociedades mixtas de responsabilidad limitada entre entidades estatales y no estatales (incluidas MIPYMES privadas y cooperativas). Estas empresas podrán definir productos, servicios, precios y salarios, con mayor autonomía operativa, aunque el Estado mantendrá el monopolio en salud, educación y defensa. Analistas como el economista Pedro Monreal han cuestionado el alcance real de estas reformas, viéndolas más como una señal política para atraer inversión en medio de presiones externas que como un cambio estructural profundo.

El contexto es dramático: Cuba enfrenta su “madre de todas las crisis”, con un colapso energético que deja dos tercios de la isla a oscuras en algunos momentos, éxodo masivo de jóvenes (cerca del 20% de la población), deuda externa superior a los 46.000 millones de dólares y producción interna insuficiente. La industria azucarera, símbolo histórico del socialismo cubano, ya no exporta y ahora importa azúcar para consumo interno. El PIB se mantiene por debajo de niveles de 1958 en términos reales, según expertos, y las remesas y el turismo han caído drásticamente.

El presidente Miguel Díaz-Canel ha llamado a “implementar transformaciones urgentes” al modelo económico y social, enfatizando autonomía empresarial, municipal, producción de alimentos local, cambio en la matriz energética y promoción de negocios con cubanos en el exterior. En noviembre de 2025, durante la Feria Internacional de La Habana (FIHAV), se anunciaron flexibilizaciones para la inversión extranjera: operaciones en divisas, eliminación de agencias empleadoras obligatorias y mayor agilidad en trámites. En 2025 se aprobaron 32 nuevos negocios con capital de 13 países, por más de 2.100 millones de dólares comprometidos, aunque la inversión real sigue limitada por burocracia y riesgos.

Estas aperturas evocan comparaciones con la Perestroika soviética o transiciones como la polaca, pero expertos advierten que sin cambios políticos profundos, podrían derivar en un “capitalismo a la rusa”: oligarquías vinculadas al poder capturando recursos sin democratización real. El economista Mauricio de Miranda señala que el régimen solo flexibiliza cuando está acorralado, frenando reformas después.

Mientras algunos ven en estas medidas el “fracaso inexorable” del socialismo —incapaz de generar riqueza sostenible sin incentivos de mercado—, el gobierno insiste en que se trata de “corregir distorsiones” sin abandonar principios socialistas. Sin embargo, la realidad impone: ante el colapso, La Habana recurre a elementos capitalistas para sobrevivir, confirmando una vez más que los modelos centralizados extremos terminan cediendo ante la presión de la eficiencia económica y la necesidad de inversión privada.

El 2026 se perfila como un año decisivo para Cuba, con predicciones de posibles transiciones políticas y económicas aceleradas por la crisis y la presión internacional. Por ahora, el socialismo cubano da un paso hacia el mercado, no por convicción ideológica, sino por pura supervivencia.


Te puede interesar