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Fito Páez y Joaquín Sabina: Dos iconos del rock que cuestionan el rumbo de la izquierda y el socialismo en América Latina

Ciudad de México / Buenos Aires, 16 de marzo de 2026 – En los últimos años, dos figuras emblemáticas de la música latinoamericana, el argentino Fito Páez y el español Joaquín Sabina, han generado controversia al expresar públicamente su desencanto con las políticas de izquierda y el socialismo, especialmente en su aplicación en la región. Lo que antes era un apoyo casi unánime a causas progresistas se ha transformado en críticas directas al “fracaso” de modelos ideológicos que, según ellos, no han cumplido con las expectativas de bienestar social.

Joaquín Sabina, conocido por su militancia histórica en la izquierda —incluyendo su adhesión al “Club de la Ceja” durante la era Zapatero en España—, ha sido enfático en varias entrevistas. En declaraciones recopiladas en 2024 y 2025, el cantautor afirmó: “El fracaso del comunismo ha sido feroz. La deriva de la izquierda latinoamericana me rompe el corazón, justamente por haber sido tan de izquierdas. Ahora ya no soy tanto de izquierdas porque tengo ojos, oídos y cabeza para ver lo que está pasando, y es muy triste”. Sabina ha señalado que, tras observar la realidad de países como Venezuela o Cuba, ha replanteado su postura ideológica, reconociendo que “todas las revoluciones del siglo XX fracasaron estrepitosamente”.

Por su parte, Fito Páez, quien en el pasado defendió gobiernos progresistas iberoamericanos, ha intensificado sus críticas en 2025. En entrevistas concedidas a medios como EFE y otros, el músico rosarino declaró: “Las políticas de izquierda fracasaron. El marxismo europeo y americano fueron un fracaso. Las utopías no sirven para nada. No me importa perder público”. Páez ha ligado su desencanto al contexto argentino, reconociendo que “no ha habido una autocrítica abierta de las fuerzas que hicieron posible que Milei esté hoy” y destacando la necesidad de reformas económicas impostergables que el gobierno de Javier Milei estaría abordando. Además, ha criticado la censura en Cuba —donde un documental suyo fue alterado por el régimen— y ha rechazado la “corrección política” como algo “abominable”.

Ambos artistas, que colaboraron en el álbum Enemigos íntimos (1998) pese a tensiones creativas, coinciden en un punto: la madurez y la observación directa de los hechos los han llevado a cuestionar ideales que antes abrazaron. Medios como El Debate, Diario Las Américas y publicaciones en redes sociales han destacado este fenómeno como parte de una tendencia más amplia de “desencanto” entre intelectuales y artistas que alguna vez apoyaron el socialismo latinoamericano.

Estas declaraciones han generado reacciones polarizadas: mientras algunos las celebran como honestidad intelectual y reconocimiento de realidades fallidas, otros las ven como una capitulación ante narrativas de derecha o un giro oportunista. Páez, en particular, ha sido acusado de “apoyar” a Milei —aunque él enfatiza que no se trata de adhesión partidista, sino de constatar procesos inevitables—.

En un continente donde la música y la política siempre han estado entrelazadas, las voces de Sabina y Páez resuenan como un recordatorio de que las convicciones ideológicas no son inmutables. Sus críticas no representan un rechazo absoluto al progresismo, sino una llamada a la autocrítica ante resultados concretos que, a su juicio, han decepcionado a millones.


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