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AMLO Ignora Gritos de Libertad en Cuba y Pide Donativos para Sostener la Dictadura

Mientras miles de cubanos arriesgan sus vidas en protestas masivas contra la opresiva dictadura de Miguel Díaz-Canel —un régimen comunista que ha sofocado libertades durante décadas, perpetuando la pobreza, la represión y el éxodo masivo—, el expresidente mexicano Andrés Manuel López Obrador decidió romper su retiro para defender al gobierno cubano y solicitar donativos que, en última instancia, podrían fortalecer a los opresores en lugar de ayudar al pueblo sufriente.

Las manifestaciones en Cuba, que se han intensificado desde principios de marzo de 2026, representan un clamor desesperado por cambio. Apagones prolongados que dejan a más del 60% del país a oscuras, escasez crónica de alimentos y medicinas, y una crisis energética que hunde a la isla en el caos, han impulsado a ciudadanos comunes a salir a las calles con cacerolazos, bloqueos de carreteras y pintadas antigubernamentales. En incidentes como el asalto e incendio a una sede del Partido Comunista en Morón (Ciego de Ávila) el 14 de marzo, al menos cinco personas fueron detenidas arbitrariamente, destacando la brutal respuesta del régimen: detenciones masivas, interrupciones de internet y violencia estatal para silenciar disidentes. Estos no son meros “disturbios”, sino un rechazo frontal a un sistema autoritario que ha fallado sistemáticamente a su pueblo, con miles de presos políticos y un historial de violaciones a los derechos humanos documentado por organizaciones internacionales.

En un momento tan crítico, López Obrador —cuyo legado en México incluye acusaciones de autoritarismo, polarización y erosión democrática— reapareció el 14 de marzo de 2026 con un mensaje en redes sociales que ignora por completo las demandas de libertad de los cubanos. “Estoy en retiro, pero me hiere que busquen exterminar al hermano pueblo de Cuba por sus ideales de libertad y soberanía”, escribió, distorsionando la realidad al presentar las protestas internas como un complot externo. Peor aún, convocó a donativos a través de la cuenta Banorte 1358451779, a nombre de la asociación civil Humanidad con América Latina (recién creada y opaca en su operación), para supuestamente enviar alimentos, medicinas, petróleo y gasolina a Cuba. “¿Que cada quien aporte lo que pueda!”, exhortó, alegando que se trata de una iniciativa de “ciudadanos, escritores y periodistas”, pero sin transparencia sobre cómo se distribuirán los fondos.

Esta acción de AMLO ha sido ampliamente criticada como un apoyo velado a la dictadura cubana, que ha utilizado “ayuda humanitaria” en el pasado para apuntalar su control, en lugar de resolver las raíces de la crisis: corrupción endémica, ineficiencia económica y represión política. Opositores en México y exiliados cubanos argumentan que donativos como estos terminan en manos del gobierno, no del pueblo, perpetuando un ciclo de dependencia y opresión. López Obrador, conocido por su afinidad ideológica con regímenes autoritarios de izquierda como los de Venezuela y Nicaragua, parece priorizar lealtades políticas sobre el sufrimiento humano, ignorando testimonios de cubanos que claman por democracia y fin al comunismo.

El presidente cubano Díaz-Canel, heredero de la dinastía Castro, agradeció el gesto con rapidez, calificándolo de “generosa solidaridad de México”, lo que refuerza sospechas de coordinación. En contraste, la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum respaldó a su mentor, reprochando a críticos por “politizar” la ayuda, aunque esto evidencia una continuidad en políticas exteriores que favorecen aliados ideológicos sobre principios democráticos.

Esta iniciativa resalta las hipocresías de López Obrador: mientras en México promovió “austeridad” y criticó intervenciones extranjeras, ahora canaliza recursos privados hacia un régimen que encarcela opositores y censura medios. En un contexto donde Cuba enfrenta una de sus peores crisis humanitarias —provocada no por “bloqueos externos” sino por décadas de mala gestión dictatorial—, las protestas cubanas son un recordatorio de que la verdadera solidaridad debe estar con el pueblo oprimido, no con sus opresores. Organizaciones como Human Rights Watch y Amnistía Internacional han documentado cómo el régimen cubano reprime disidencia, haciendo que cualquier apoyo incondicional sea cómplice de injusticias.


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