Caen las remesas en México por primera vez en 11 años: alerta para millones de hogares
Por primera vez en más de una década, las remesas que llegan a México registraron una caída anual, rompiendo una racha de crecimiento sostenido que había servido como “colchón” económico para millones de familias. El descenso en los envíos de dinero desde el extranjero, principalmente desde Estados Unidos, prende focos rojos en regiones altamente dependientes de estos recursos.
De acuerdo con cifras oficiales del Banco de México, el flujo de remesas mostró una contracción en términos anuales, un fenómeno que no se observaba desde hace 11 años. Analistas atribuyen esta caída a una combinación de factores: desaceleración económica en Estados Unidos, inflación persistente que reduce el poder adquisitivo de los migrantes, mayor precariedad laboral en sectores donde se concentra la mano de obra mexicana y un endurecimiento de controles migratorios.
El impacto no es menor. En entidades como Michoacán, Guanajuato, Jalisco, Oaxaca, Guerrero y Zacatecas, las remesas representan una parte relevante del ingreso de los hogares y, en muchos municipios, superan incluso los presupuestos locales destinados a programas sociales. La disminución de estos recursos amenaza con traducirse en menor consumo, más endeudamiento familiar y presiones adicionales sobre economías regionales ya golpeadas por la falta de empleo formal.
Especialistas advierten que el fenómeno también evidencia la fragilidad del modelo económico que ha normalizado la dependencia de las remesas como “válvula de escape” ante la falta de oportunidades en el país. Aunque el gobierno federal ha destacado la fortaleza del flujo de remesas en años recientes, la caída marca un punto de inflexión y pone en la mesa la necesidad de fortalecer políticas de desarrollo regional, empleo y atracción de inversión productiva.
Organizaciones de migrantes señalan, además, que el costo de vida en Estados Unidos ha aumentado de forma significativa, lo que reduce la capacidad de ahorro y envío de dinero. A ello se suma la presión de rentas más altas, servicios médicos caros y mayor inestabilidad laboral en sectores como la construcción, agricultura y servicios.
Economistas no descartan que la tendencia pueda prolongarse si se mantiene el enfriamiento económico en Estados Unidos. De confirmarse un ciclo de contracción, el golpe sería directo para millones de familias que dependen de estos recursos para cubrir gastos básicos como alimentación, salud y educación.
La caída de las remesas, después de 11 años de crecimiento, es una señal de alerta que trasciende lo financiero: exhibe la vulnerabilidad social de amplias regiones del país y la urgencia de una estrategia integral que reduzca la dependencia del dinero que envían los migrantes.