El PRI de Coahuila exhibió su maquinaria ante el Comité Nacional
El PRI sostuvo su Reunión Plenaria de senadores y diputados federales con la presencia del gobernador de Coahuila, Manolo Jiménez Salinas, acompañado de su círculo más cercano. En el encuentro quedó a la vista el equipo que, bajo el liderazgo del gobernador, ha sostenido al priismo más sólido que queda en el país: Diego Rodríguez Canales —pieza clave de operación política y de la estrategia estatal—, el ahora senador Gabriel Elizondo Pérez y don Carlos Humberto Robles Loustaunau, presidente estatal del PRI y diputado plurinominal electo.
Coahuila es hoy el último gran bastión institucional del tricolor. En la elección local de junio de 2026, el PRI y sus aliados se llevaron los 16 distritos de mayoría y concentraron 651 mil 086 votos, el 53.66 por ciento de la votación válida. Ese resultado no se explica solo por el arrastre del mandatario: detrás está una maquinaria territorial que opera con programas sociales, estructura municipal y un equipo de operadores de confianza, todos alineados bajo el liderazgo de Manolo Jiménez.
Diego Rodríguez Canales forma parte de ese núcleo. Ha pasado por Comunicación Social, la Secretaría Técnica y la operación política del PRI estatal. En los hechos, es uno de los hombres que articulan el discurso, la agenda y el control interno del grupo del gobernador.
Gabriel Elizondo Pérez recorrió el otro brazo de esa estrategia. Como coordinador de Mejora Coahuila encabezó la operación social y territorial —los “chalecos verdes”— hasta que, en julio de 2026, rindió protesta como senador, luego de que Miguel Ángel Riquelme Solís pidiera licencia para irse a la alcaldía de Torreón. Desde el Senado ha planteado llevar el llamado “modelo Coahuila” a la agenda federal: seguridad, programas sociales, economía y energía.
Don Carlos Robles Loustaunau cierra esa coordinación desde el partido. Como dirigente estatal del PRI y con curul plurinominal en el Congreso local para el periodo 2026-2029, representa el eslabón formal entre la estructura partidista, el gobierno y la legislatura. Con su llegada al Congreso, el priismo coahuilense no solo conserva la operación en territorio: también sienta en el Poder Legislativo al titular del Comité Directivo Estatal.
La plenaria nacional no fue un acto decorativo. El PRI definió ahí su agenda para el periodo que inicia en septiembre —seguridad, economía, justicia, relación con Estados Unidos e inteligencia artificial— y usó a Coahuila como vitrina de que todavía puede gobernar y ganar. En el mismo entorno político, el tricolor sumó al diputado federal Theodoros Kalionchiz, salido del PAN, en un momento en que Acción Nacional disolvió su comité estatal en Coahuila tras no alcanzar el 3 por ciento.
La foto es clara: Jiménez no viajó solo. Llevó a quienes, bajo su liderazgo, han sostenido la operación diaria del PRI en el estado. Rodríguez en la estrategia interna; Elizondo, de la calle al Senado; Robles Loustaunau, al frente del partido y ahora también en el Congreso local. Ese esquema —territorio permanente, operadores de confianza, dirigencia estatal alineada, programas sociales convertidos en estructura y coordinación entre gobierno, partido y representación legislativa— no debería quedar como un caso aislado. Son estrategias que el Comité Ejecutivo Nacional del PRI tendría que tomar en cuenta si busca reproducir, en otros estados, algo más que discursos de unidad: una maquinaria capaz de ganar y de sostenerse.
En un país donde el priismo nacional se ha reducido, Coahuila sigue funcionando, bajo el liderazgo de Manolo Jiménez, como laboratorio de control político, estructura y resultados electorales.