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La derecha gana la primera vuelta en Brasil y la izquierda pierde terreno en Latinoamérica

En Brasil no gana quien saca más votos en un solo domingo. Hay dos rondas. El 4 de octubre fue la primera: si alguien pasa de 50% de los votos válidos, se lleva la presidencia ese mismo día. Si nadie llega, los dos punteros se vuelven a medir tres semanas después. Eso es lo que pasó. Flávio Bolsonaro quedó primero, Lula segundo, y el desempate será el 25 de octubre.

La derecha se impuso en esa primera vuelta y dejó mal paradas a las encuestas. El resultado se suma a un giro en la región. México queda como uno de los pocos países grandes que siguen gobernados por la izquierda.

São Paulo. Con el conteo cerrado, Flávio Bolsonaro, del Partido Liberal, sacó 47.03% de los votos válidos: 56.1 millones. El presidente Luiz Inácio Lula da Silva, del PT, se quedó en 45.16%: 53.9 millones. La diferencia fue de unos 2.2 millones de votos. No alcanzó para que Bolsonaro ganara de una vez, pero sí para invertir lo que decían las encuestas.

En México la elección presidencial se resuelve en una sola jornada: gana quien saca más votos, aunque sea con 35% o 40%. En Brasil no. Por eso un primer lugar con 47% no es victoria definitiva. Es pase a la final. Y en esa final, la del 25 de octubre, ya no hay más candidatos. Solo ellos dos.

La víspera, las encuestadoras decían otra cosa. Datafolha, la más seguida del país, daba a Lula 45% y a Flávio 42%. AtlasIntel/Bloomberg también ponía al presidente adelante. Diez de los catorce últimos sondeos nacionales hacían lo mismo. Las urnas no. El senador de 45 años, hijo de Jair Bolsonaro, superó a Lula y logró el mejor resultado de primera vuelta de la derecha brasileña desde que volvió la democracia, en 1989.

Los demás candidatos casi no pesaron. Augusto Cury, Renan Santos, Ronaldo Caiado y Romeu Zema sumaron, entre todos, menos de 8%. No hubo una tercera opción con fuerza. La pelea ya era de dos.

La derecha también avanzó en lo que no era la presidencia. Tarcísio de Freitas fue reelecto gobernador de São Paulo, el estado más grande y rico, con alrededor de 62%. El partido de Bolsonaro ganó varios estados del sur y del norte. Michelle Bolsonaro y Carlos Bolsonaro llegaron al Senado, y Jair Renan a la Cámara de Diputados. El PT de Lula solo retuvo tres gubernaturas en el noreste: Bahía, Ceará y Piauí. Es su zona fuerte, pero ya no le alcanzó para ser primera fuerza en el país.

El mapa interno es el de siempre, solo que esta vez favoreció al que las encuestas daban atrás. Flávio ganó el sur, el sureste y el centro del país, incluidos São Paulo, Minas Gerais y Río de Janeiro. Lula arrasó en los nueve estados del noreste, la región más pobre y su bastión histórico.

Brasil no es un caso suelto. En menos de tres años cambió buena parte del mapa. Javier Milei gobierna Argentina desde 2023. Daniel Noboa sigue en Ecuador. Rodrigo Paz acabó con casi veinte años de la izquierda en Bolivia. José Antonio Kast ganó Chile en diciembre de 2025 y reemplazó a Gabriel Boric. Abelardo de la Espriella le ganó a la izquierda en Colombia en junio de 2026, después de Gustavo Petro. Keiko Fujimori se impuso en Perú. También hay gobiernos de derecha o centroderecha en Honduras, Costa Rica, Panamá y El Salvador, donde sigue Nayib Bukele. Antes de esta elección, Latinobarómetro ya contaba que la derecha gobernaba 11 de los 18 países de la región.

Si Flávio gana el 25 de octubre, Brasil —la economía y el electorado más grandes de América Latina— se suma a esa lista. Quedarían como excepciones claras Uruguay, con Yamandú Orsi, y México, con Claudia Sheinbaum. Venezuela y Cuba no entran en la cuenta: ahí no hay alternancia real. Argentina, Chile, Colombia, Ecuador y Bolivia ya cambiaron de signo en las urnas. México no. El oficialismo de la Cuarta Transformación sigue con el poder y, hasta ahora, sin una oposición que convierta el malestar en un cambio de gobierno.

La segunda vuelta no está decidida. Lula conserva el noreste y tiene tres semanas para juntar a quien no votó por él. En 2022 ganó, en buena parte, porque mucha gente votó en contra de Jair Bolsonaro. Ahora llega segundo, con el Congreso y los estados inclinados a la derecha, y con un electorado que ya desmintió el pronóstico. En la región, lo raro ya no es que un país gire a la derecha. Lo raro es que no gire. México está en esa lista.


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