La vergonzosa foto que desnuda la podredumbre de Morena en el Senado
Culiacán, Sinaloa – Mientras el país exige respuestas sobre los graves señalamientos del Departamento de Justicia de Estados Unidos contra el senador Enrique Inzunza Cázarez por presuntos nexos con el narcotráfico y “Los Chapitos”, el morenista reapareció este viernes no ante las autoridades ni en el pleno del Senado, sino en un exclusivo country club de Culiacán, codeándose tranquilamente con su compañero de bancada, el senador Javier Corral Jurado.
La imagen es elocuente y repugnante: dos senadores de Morena, uno prófugo político de la justicia mexicana y señalado por Washington, disfrutando de un campestre en Sinaloa, tierra que hoy más que nunca simboliza el control del crimen organizado sobre instituciones capturadas.
Javier Corral, exgobernador de Chihuahua que llegó a Morena como “héroe anticorrupción” tras su ruptura con el PAN, se ha convertido en el perfecto escudo protector de lo indefendible. Presidente de la Comisión de Justicia del Senado, en lugar de exigir claridad y separación del cargo a un colega señalado por narcotráfico, decidió reunirse con él en privado y salir a confirmar públicamente que Inzunza “no se anda escondiendo, está tranquilo”.
¿Tranquilo? El país no lo está. Los mexicanos no están tranquilos viendo cómo un legislador acusado de proteger a una de las facciones más sanguinarias del Cártel de Sinaloa pasea por un club campestre mientras evade el escrutinio público durante más de tres semanas.
Esta no es una simple reunión entre colegas. Es la foto que certifica la captura moral y ética de Morena. Corral, que alguna vez vendió una imagen de integridad, hoy le da cobijo político y mediático a Inzunza, un personaje cuya familia ha sido señalada por nepotismo rampante en el poder judicial de Sinaloa y cuyos vínculos con el poder real de la entidad —ese que no se elige en las urnas— son cada vez más evidentes.
Mientras la ciudadanía exige una depuración profunda en el Senado, los morenistas optan por el compadrazgo, el “no pasa nada” y las fotos en country clubs. Es la misma lógica de siempre: proteger al amigo, al aliado, al que sabe demasiado, aunque eso signifique escupir en la cara de millones de mexicanos hartos de la simulación.
La hipocresía es mayúscula. El mismo partido que presume “combate a la corrupción” y “abrazos no balazos” ahora abraza en Culiacán a quien Estados Unidos señala como facilitador del cártel. Y Corral, en lugar de poner distancia, se pone de escudo.
Esta imagen no debe olvidarse. Es la prueba gráfica de que en Morena la lealtad al grupo está por encima de la ley, por encima de la ética y por encima de México.
Mientras tanto, los ciudadanos seguimos pagando las consecuencias de tener un Senado que, en vez de legislar con decencia, se reúne en campestres a decidir cómo seguir protegiendo lo indefendible.